No suele ser fácil conocer los orígenes de cualquier historia, pero en el caso de este museo existe un claro responsable: Mario Soler (1907 – 1991. Nacido en la pequeña localidad de Bassella, destacó siempre por su destreza y habilidad, que unidas a su afición por la mecánica, le llevaron a construir diversos ingenios: dos automóviles con motor BSA, un ultraligero i una lancha rápida con motor Harley-Davison,...
A finales de los años '20 empezó a interesarse por el mundo de las motocicletas. El responsable fue Gaston Chritin, un conocido piloto francés que, tras un grave accidente en la Pujada en Costa a l'Arrabassada escogió la tranquila localidad de Bassella para su recuperación, impregnando con sus conocimientos a la familia Soler y cultivando una pasión por las motos en toda la comarca de l'Alt Urgell que se ha mantenido viva hasta hoy.
Poco a poco, la afición por el motociclismo de Mario Soler traspasó barreras para convertirse en el auténtico motor de su vida. Hacia la década de los '40 se introdujo en el mundo de la reconstrucción. En su pequeño taller – que puede ser visitado en el museo, a donde fue trasladado manteniendo todos los detalles – convertía las piezas viejas i oxidadas en auténticas joyas de coleccionista. Con la ayuda de sus dos hijos, Estanis – fundador y director del Museo de la Moto – y Toni (1947 – 1998), mucha paciencia y dedicación, consiguió recuperar del olvido piezas representativas de la historia del motociclismo que hoy en día configuran la planta permanente del museo
El tiempo pasa de manera inexorable para todos, pero también es cierto que todos encontramos recursos para preservarnos un poco del paso del tiempo. Los hombres tenemos la memoria, que alimentamos con los recuerdos; pero los edificios, seres inanimados que a su tiempo han dado vida, sólo disponen de la memoria de los hombres para sobrevivir al paso de los años.
El primer Hostal de Bassella, construido por la familia Soler en 1687 y conocido como “Cal Pauet”, ya no existe, muerto por el olvido al que lo relegó la construcción de la nueva carretera que volvió a llenar de polvo el antiguo “Camí ral”.
En el año 1913, las alpargatas dejaron paso a los neumáticos i el Hostal resucitó. La familia volvió a edificarlo y lo convirtió en un punto de encuentro para caminantes, viajeros, pescadores y cazadores, pero sobre todo, en un edificio emblemático del pueblo de Bassella.
A las puertas del tercer milenio, el tiempo pasó de nuevo factura y el eterno fantasma del pantano de Rialb, convertido finalmente en realidad, negó definitivamente con sus aguas las viejas piedras del Hostal.
Pero siguiendo la tradición, la familia Soler se resistió a perder sus orígenes i levantó un nuevo edificio. Fue en el año 2002, en la carretera C-14. En una doble concepción, tanto simbólica como auténtica, de restaurante y de museo, conserva en sus techos, paredes, ventanas y pavimentos, materiales recuperados de los antiguos hostales, que no estaban muertos, sólo dormían un profundo sueño. Bassella, viejas piedras que, gracias a la memoria, se resisten a morir.